domingo, 31 de enero de 2010

310110

bajo el naranjo, la muerte con sus crías
tomó sitio

desde allí, nos ponía sus ojos como púas
miraba nuestros temblores

luego tomaba una fruta, la rajaba
con una uña larga y mugrienta,
se la bebía, daba
como cualquier especie,
de comer a sus pequeños

cuando se fue, en su nido quedaron
las cáscaras
los huesos
y un agua negra que subía
despacito
a nuestro corazón

4 comentarios:

néstor dijo...

Me gusta el golpe lento del final, sí.

Anónimo dijo...

Ahora voy y me tomo un Rivotril ...

Lucrecia Borgia

Jorge Ampuero dijo...

Se percibe como un cuadro de naturaleza muerta y degustable a la vez.

Saludos...

morgana dijo...

Qué lindo que es esto.
Te cuento un dato (que es mínimo y poco interesante para vos): siempre te leo y nunca comento mucho.
Esta vez te lo quise decir: qué lindo esto.