martes, 9 de febrero de 2016

para quien ha negado lo suyo...

para quien ha negado lo suyo, nunca nada
será suyo. de pertenecer, yo pertenezco
a esta raza de hombres y mujeres agrícolas. no lo niego:
no consigo hablar de lo que sé, y en cambio me siento ancha
y cabal caminando en el silencio, acomodando
las plantas, curando el piojo a las gallinas

hasta no hace mucho, usé pañuelo
quité la maleza, llevé la comida a los peones

¿para qué negarlo? tengo la piel ardida por la siesta, es natural
que me atragante cuando me veo rodeada de intelectuales y moños

quiero escribir, pero
¿qué clase de conversación es posible entre un gato en celo
y una gata castrada? lo he visto: todo es confusión, antojo,
una nube violeta de histeria, una corrida de noche
por los muros

miren: puesto así todo es claro, pero en medio,
en el grito de lo dicho, lo no dicho asoma, se va tejiendo
con lo tangencial, la trama de lo leve, de lo imposible

tengo, cuando viene el día, la sensación de despertar y haber luchado
ciega, desatada entre nubes, el corazón
se apena por lo que lloró en sueños, por el amor
ido tras los pasos del fantasma, fantasma él mismo
hecho de guiños y terrores

¿qué voy a decir? en verano supe poner
trapos mojados en los quicios para que no entrara
el polvo, el calor agónico, y entiendo
que el silencio teje su propio trapo, su elaborado herrumbre

por entre las grietas, un viento dulce de infierno,
un silbido: mi corazón se para y quiero escuchar, volcarme,
ser la dueña

pero no, no, esto es mezquino, es la venganza

¿has visto alguna vez al pájaro destrozar su propio nido
al ser tocado por el hombre?

así el mundo de las cosas: vuelto sobre nosotros, nos ha escondido
su gracia

vagamos huérfanos de ese íntimo esplendor

lo considero justo.