jueves, 7 de noviembre de 2013

071113

ahí les dejo eso, porque hay que soltar, dicen

el oscuro trapo de la dicha


ir hacia dónde, mirar, perder,

ser perdido, olvidado,

traicionado, a veces



también


morder la pena


esta casa, verás, estuvo llena de fe


la llenaron de ruido las palomas

sentó sus manos la virgencita celeste

a veces

me dijo cosas o yo

le dije, pidiéndole, no sé

naderías


me fue dado, a veces, sí, también,

el mendrugo del alma, y todo

pareció estar bien

sonreír

ser fresco


pero después, ah, el después


no viene con constancia la dicha


es un pez pequeñísimo de mil ojos, la dicha,

y nada el mar

lo nada, y sabe, y mira mira mira

tu sola mano ansiosa y pobrecita

buscándolo y buscándolo

en la azul eternidad del tiempo


verás al pececito una vez, dos veces,

su iridiscente reflejo, su ser pez entre

los peces, lo verás ir

aquí para allá, comer

las mariposas, llenarse los mil ojos

de sol, romper

el duro y salado oleaje


muy a veces, en sueños, su rosada carne

su pacífica carne

aleteará cerca tu corazón


pero luego luego llegará la fiebre

la podredumbre de la fiebre

y el después del después


y tendrás la sed, la sed que no sacia el aguita salada

del mar interminable

tendrás la gran sed

la fiebre

1 comentario:

Lorena dijo...

Ay Elena, qué hermoso!
También dicen que es necesaria la fiebre para matar las infecciones del cuerpo. Para otra vez sentir la dicha, ese pececito de mil ojos que viene a sacudir el alma.
Que no se acabe la sed de atrapar los peces y, con fiebre, mucha fiebre, dejarlos partir.

Sedienta alegría de escucharte mañana!
Gracias en abrazos infinitos,intermitentes!