En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores.
Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia.
El pueblo boliviano, de composición plural, desde la profundidad de la historia, inspirado en las luchas del pasado, en la sublevación indígena anticolonial, en la independencia, en las luchas populares de liberación, en las marchas indígenas, sociales y sindicales, en las guerras del agua y de octubre, en las luchas por la tierra y territorio, y con la memoria de nuestros mártires, construimos un nuevo Estado.
Un Estado basado en el respeto e igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad,
complementariedad, solidaridad, armonía y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de los habitantes de esta tierra; en convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda para todos.
Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal. Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, que integra y articula los propósitos de avanzar hacia una Bolivia democrática, productiva, portadora e inspiradora de la paz, comprometida con el desarrollo integral y con la libre determinación de los pueblos.
Nosotros, mujeres y hombres, a través de la Asamblea Constituyente y con el poder originario del pueblo, manifestamos nuestro compromiso con la unidad e integridad del país.
Cumpliendo el mandato de nuestros pueblos, con la fortaleza de nuestra Pachamama y gracias a Dios, refundamos Bolivia.
Honor y gloria a los mártires de la gesta constituyente y liberadora, que han hecho posible esta nueva historia.
sábado, 21 de marzo de 2009
domingo, 8 de marzo de 2009
lunes, 2 de marzo de 2009
José Watanabe-Resurrección de Lázaro
El poder de su voz venía del convencimiento
de que él era Él,
y así llegó hasta tu sello de piedra
para ordenar que tus carnes entraran nuevamente
en el tiempo.
Y ahora limpia el atroz perfume de la muerte
en agua clara y fresca: lava tus largas vendas
en la corriente del río
como los pobres desaguan los interminables intestinos de ganado
que guisan y comen,
y luego enróllalas
y guárdalas.
Sé, pues, precavido
porque nadie sabe hasta cuándo durará el terrible
milagro.
Él dijo que te levantaras y no dijo más, ninguna promesa.
Tal vez solo tienes apurados días
para contemplar con tus ojos de carne rediviva
a tus hermanas comiendo pan y mollejas.
Debo decirte, Lázaro,
que aquí en Betania ya no tenemos noticias del Milagroso.
Sin profetas nos sentimos muy solos.
Cuando retornes a tu sepulcro
no volverás a escuchar
su voz impertinente detrás de la piedra.
De Habitó entre nosotros
de que él era Él,
y así llegó hasta tu sello de piedra
para ordenar que tus carnes entraran nuevamente
en el tiempo.
Y ahora limpia el atroz perfume de la muerte
en agua clara y fresca: lava tus largas vendas
en la corriente del río
como los pobres desaguan los interminables intestinos de ganado
que guisan y comen,
y luego enróllalas
y guárdalas.
Sé, pues, precavido
porque nadie sabe hasta cuándo durará el terrible
milagro.
Él dijo que te levantaras y no dijo más, ninguna promesa.
Tal vez solo tienes apurados días
para contemplar con tus ojos de carne rediviva
a tus hermanas comiendo pan y mollejas.
Debo decirte, Lázaro,
que aquí en Betania ya no tenemos noticias del Milagroso.
Sin profetas nos sentimos muy solos.
Cuando retornes a tu sepulcro
no volverás a escuchar
su voz impertinente detrás de la piedra.
De Habitó entre nosotros
lunes, 23 de febrero de 2009
Los cuchillos.
"...Inquiriendo las causas que armaron el brazo de este Otelo correntino, sacamos en limpio que su querida no había faltado a los compromisos contraídos o a la fe jurada.
Que en sueños, mientras dormían juntos, la había visto en brazos de un rival, que él aborrecía mucho; que cuando se despertó, el hombre no estaba allí, pero que él lo veía patente; que lo hirió en el corazón y que, a un grito de su querida, volvió en sí, despertándose del todo, y viendo recién que estaban los dos solos y que su cuchillo se había clavado en el pecho de su bien amada."
Fragmento del capítulo VI, Una excursión a los indios ranqueles.
Lucio V. Mansilla.
"-Yo era un tenaz fumador. Una noche quedé dormido con un tabaco en la boca. Desperté con miedo de despertar. Parece que lo sabía: me había nacido un ala de murciélago. Con repugnancia, en la oscuridad busqué mi cuchillo mayor. Me la corté. Caída, a la luz del día, era una mujer morena y yo decía que la amaba..."
Fragmento del capítulo IV, Zama.
Antonio Di Benedetto.
Que en sueños, mientras dormían juntos, la había visto en brazos de un rival, que él aborrecía mucho; que cuando se despertó, el hombre no estaba allí, pero que él lo veía patente; que lo hirió en el corazón y que, a un grito de su querida, volvió en sí, despertándose del todo, y viendo recién que estaban los dos solos y que su cuchillo se había clavado en el pecho de su bien amada."
Fragmento del capítulo VI, Una excursión a los indios ranqueles.
Lucio V. Mansilla.
"-Yo era un tenaz fumador. Una noche quedé dormido con un tabaco en la boca. Desperté con miedo de despertar. Parece que lo sabía: me había nacido un ala de murciélago. Con repugnancia, en la oscuridad busqué mi cuchillo mayor. Me la corté. Caída, a la luz del día, era una mujer morena y yo decía que la amaba..."
Fragmento del capítulo IV, Zama.
Antonio Di Benedetto.
viernes, 20 de febrero de 2009
200209
leonor lo dice bien, el desastre
no ha sido pudoroso conmigo
por eso, algunas mañanas pongo la cabeza
bajo la canilla
y espero que la breve asfixia
me devuelva las ganas
de la respiración saludable
no ha sido pudoroso conmigo
por eso, algunas mañanas pongo la cabeza
bajo la canilla
y espero que la breve asfixia
me devuelva las ganas
de la respiración saludable
miércoles, 18 de febrero de 2009
La red-fragmento
Mi biblioteca se compone de cuatro o cinco libros que siempre llevo a veranear conmigo. La lectura no es uno de mis entretenimientos favoritos, pero siempre mi madre me aconsejaba, para que mis sueños fueran agradables, la lectura de estos libros: El libro de Mencius, La fiesta de las linternas, Hoei-Lan-Ki (Historia del círculo de Tiza) y El libro de las recompensas y las penas.
Varias veces encontré el último de estos libros abierto sobre mi mesa, con algunos párrafos marcados con pequeños puntitos que parecían hechos con un alfiler. Después yo repetía, involuntariamente, de memoria estos párrafos. No puedo olvidarlos.
-Keng-Su, repítelos, por favor. No conozco esos libros y me gustaría oír esas palabras de tus labios.
Keng Su palideció levemente y jugando con la arena me dijo:
-No tengo inconveniente.
(...)
"Si deseamos sinceramente acumular virtudes y atesorar méritos tenemos que amar no sólo a los hombres, sino a los animales, pájaros, peces, insectos, y en general a todos los seres diferentes de los hombres, que vuelan, corren y se mueven"
Al otro día leí:
"Por pequeños que seamos, nos anima el mismo principio de vida: todos estamos arraigados en la existencia y del mismo modo tememos a la muerte".
Guardé el libro dentro del armario, pero al otro día lo encontré sobre mi cama, con éste párrafo marcado:
"Caminando, de pie, sentada o acostada, si ves un insecto pereciendo trata de liberarlo y de conservarle la vida. ¡Si lo matas con tus propias manos, qué destino te esperará!..."
De La red.
Silvina Ocampo.
Antología esencial; Emecé Editores S.A.; 2001.
Varias veces encontré el último de estos libros abierto sobre mi mesa, con algunos párrafos marcados con pequeños puntitos que parecían hechos con un alfiler. Después yo repetía, involuntariamente, de memoria estos párrafos. No puedo olvidarlos.
-Keng-Su, repítelos, por favor. No conozco esos libros y me gustaría oír esas palabras de tus labios.
Keng Su palideció levemente y jugando con la arena me dijo:
-No tengo inconveniente.
(...)
"Si deseamos sinceramente acumular virtudes y atesorar méritos tenemos que amar no sólo a los hombres, sino a los animales, pájaros, peces, insectos, y en general a todos los seres diferentes de los hombres, que vuelan, corren y se mueven"
Al otro día leí:
"Por pequeños que seamos, nos anima el mismo principio de vida: todos estamos arraigados en la existencia y del mismo modo tememos a la muerte".
Guardé el libro dentro del armario, pero al otro día lo encontré sobre mi cama, con éste párrafo marcado:
"Caminando, de pie, sentada o acostada, si ves un insecto pereciendo trata de liberarlo y de conservarle la vida. ¡Si lo matas con tus propias manos, qué destino te esperará!..."
De La red.
Silvina Ocampo.
Antología esencial; Emecé Editores S.A.; 2001.
viernes, 13 de febrero de 2009
domingo, 25 de enero de 2009
El rastro-Denise Levertov
Mis amistades con uno o dos, sí, tres
hombres por quienes alguna vez sentí
el más salvaje, más doloroso deseo,
aún retienen, en su transformación duradera,
alguna fragancia de aquellos tiempos,
como una caja donde alguna vez
se guardaron las hojas de una hierba exótica,
una hierba de propiedades variadas, útiles y peligrosas,
hace tiempo consumida.
Traducción de Jacqui Behrend.
Poema aparecido en Diario de poesía.
Cortesía de Jorge Naparstek.
hombres por quienes alguna vez sentí
el más salvaje, más doloroso deseo,
aún retienen, en su transformación duradera,
alguna fragancia de aquellos tiempos,
como una caja donde alguna vez
se guardaron las hojas de una hierba exótica,
una hierba de propiedades variadas, útiles y peligrosas,
hace tiempo consumida.
Traducción de Jacqui Behrend.
Poema aparecido en Diario de poesía.
Cortesía de Jorge Naparstek.
jueves, 22 de enero de 2009
220109
una vez fuiste
la llamita de un calefón
en los hoteles abandonados
en vos yo calentaba los pies
lavaba mi enagua
hervía el café de los madrugones
por fuera
los caballos golpeaban las puertas
las madonnas retozaban
en el trigo
hacía mucho invierno
pero empecé a deshilarte como un muñeco
de lana
te saqué los botones
de los ojos, los llevé
hacia la niebla
para que no vieran su propio dolor
con el resto, muñequito,
fabriqué almohadas
de noche te sueño
te sueño
la llamita de un calefón
en los hoteles abandonados
en vos yo calentaba los pies
lavaba mi enagua
hervía el café de los madrugones
por fuera
los caballos golpeaban las puertas
las madonnas retozaban
en el trigo
hacía mucho invierno
pero empecé a deshilarte como un muñeco
de lana
te saqué los botones
de los ojos, los llevé
hacia la niebla
para que no vieran su propio dolor
con el resto, muñequito,
fabriqué almohadas
de noche te sueño
te sueño
miércoles, 21 de enero de 2009
Cantad

Me fueron a vender un santo,
sin marco, sin cristal y sin vidriera;
me fueron a vender un santo,
sin marco, sin cristal y sin vidriera.
La gente preguntaba qué santo era,
y era el santo más chingón de la galera.
Era un nogal,
era de nogal,
era de nogal el santo.
Hijo de un cabrón,
hijo de un cabrón,
por eso pesaba tanto.
Canción presidiaria de la década de 1920.
Recopilación: Juan de la Cabada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
