
Me fueron a vender un santo,
sin marco, sin cristal y sin vidriera;
me fueron a vender un santo,
sin marco, sin cristal y sin vidriera.
La gente preguntaba qué santo era,
y era el santo más chingón de la galera.
Era un nogal,
era de nogal,
era de nogal el santo.
Hijo de un cabrón,
hijo de un cabrón,
por eso pesaba tanto.
Canción presidiaria de la década de 1920.
Recopilación: Juan de la Cabada.