la vida me acecha como perra
la muerte me acecha como perra
me tiran del pelo
de las joyas
de la lengua
en la hora del sueño yo visito
las dos jaurías con brillante histeria
jueves, 21 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
110110
el aire, de noche, es una lástima,
no alcanza para todos
alguien debe postergar su sueño, alguien
debe levantarse y, en el medio de la noche,
tocar la dorada serpiente del corazón
ella va a despertar
entornará los soles de sus ojos
dará su pan, su veneno
la flor del cuerpo abrirá, entonces,
como una mañana
pero no será la mañana:
será su turbia claridad
el simulacro
no alcanza para todos
alguien debe postergar su sueño, alguien
debe levantarse y, en el medio de la noche,
tocar la dorada serpiente del corazón
ella va a despertar
entornará los soles de sus ojos
dará su pan, su veneno
la flor del cuerpo abrirá, entonces,
como una mañana
pero no será la mañana:
será su turbia claridad
el simulacro
lunes, 28 de diciembre de 2009
281209
1-
de noche
la brasa del cigarrillo ilumina
lo poco
a intervalos, está lo que se alumbra
pedazo de lo todo,
lo que no se ve
así de pequeña es la verdad
así de pobrecita
¿qué esperabas?
2-
otra es la belleza
y está en la sombra
en lo que oscurece
en lo que la pulpa
de la intimidad
resguarda
3-
yo no he visto, no,
que la carne de los hombres
retenga la luz
la he visto en el río,
en el vaso de agua,
y aún
en el charquito triste
después del temporal
alguien señala y dice:
mirá, el sol está ahí
y es verdad
de noche
la brasa del cigarrillo ilumina
lo poco
a intervalos, está lo que se alumbra
pedazo de lo todo,
lo que no se ve
así de pequeña es la verdad
así de pobrecita
¿qué esperabas?
2-
otra es la belleza
y está en la sombra
en lo que oscurece
en lo que la pulpa
de la intimidad
resguarda
3-
yo no he visto, no,
que la carne de los hombres
retenga la luz
la he visto en el río,
en el vaso de agua,
y aún
en el charquito triste
después del temporal
alguien señala y dice:
mirá, el sol está ahí
y es verdad
viernes, 25 de diciembre de 2009
El otro-Roberto Fernández Retamar
Nosotros, los sobrevivientes,
¿a quién le debemos la sobrevida?
¿Quién se murió por mí en la ergástula,
quién recibió la bala mía,
la para mí, en su corazón?
¿Sobre qué muerto estoy yo vivo,
sus huesos quedando en los míos,
los ojos que le arrancaron, viendo
por la mirada de mi cara,
y la mano que no es su mano,
que no es ya tampoco la mía,
escribiendo palabras rotas
donde él no está, en la sobrevida?
¿a quién le debemos la sobrevida?
¿Quién se murió por mí en la ergástula,
quién recibió la bala mía,
la para mí, en su corazón?
¿Sobre qué muerto estoy yo vivo,
sus huesos quedando en los míos,
los ojos que le arrancaron, viendo
por la mirada de mi cara,
y la mano que no es su mano,
que no es ya tampoco la mía,
escribiendo palabras rotas
donde él no está, en la sobrevida?
viernes, 4 de diciembre de 2009
martes, 17 de noviembre de 2009
AUTOBOMBO

La editorial Caballo Negro cierra el año 2009 presentando Tabaco Mariposa.
Presénta-me: Martín Araujo.
Lugar: Casa 13. Pasaje Revol casi Belgrano.
Hora: 20, 30.
Después: toca La vaca multicolor, al ladito, Bar Paseo de las artes.
martes, 10 de noviembre de 2009
101109
Es la siesta. Tengo, sobre mi corazón,
el libro de Ishiguro Never let me go.
En la penumbra de la pieza, flota la mariposa gris que de noche
roe la ropa y hace el mismo ruido que los muertos hacen
cuando escarban los muros.
La veo golpearse contra el vidrio; su cuerpo es un solo ojo
hacia donde ella cree está la salvación. Y entonces digo
Señor, no me des la esperanza, la fe.
Señor, no permitas que me queme en la luz aparente
de los faroles a gas. He aprendido a caminar en la sombra,
a encontrar mi ropa, allí, el vaso de agua. He aprendido
a no tropezar con los muebles.
No me hagas pensar ahora, Señor, en el fuego.
el libro de Ishiguro Never let me go.
En la penumbra de la pieza, flota la mariposa gris que de noche
roe la ropa y hace el mismo ruido que los muertos hacen
cuando escarban los muros.
La veo golpearse contra el vidrio; su cuerpo es un solo ojo
hacia donde ella cree está la salvación. Y entonces digo
Señor, no me des la esperanza, la fe.
Señor, no permitas que me queme en la luz aparente
de los faroles a gas. He aprendido a caminar en la sombra,
a encontrar mi ropa, allí, el vaso de agua. He aprendido
a no tropezar con los muebles.
No me hagas pensar ahora, Señor, en el fuego.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
041109
Yendo de Córdoba a Oncativo, por la autopista,/
donde hay bañados negros, juncos y algunos patos,/
no me molesta que otra vez el transporte que es pésimo,/
me deje en la estación de servicio. Siempre hay gente/
que se sienta a hablarme mientras el chofer espera que bajen/
de la capital con la camioneta del taller. Siempre hay alguien/
que me dice cosas de su vida. Mientras el sol atardece, escucho/
la historia de otros. Amores, deudas, hijos. A veces/
caminamos hasta una canilla para buscar agua, vemos pasar/
los camioneros con sus mujeres, con el alborozo de sus/
putas abrazándolos por la cintura, compartiendo su cena,/
tendiendo sus hamacas, sus mesas de comer que comparten/
con los galgos de ahí./
Detrás del predio hay unos árboles. Ahí fumamos con un hombre/
alto y joven, que parecía triste. Dijo ir a la ciudad por su enfermedad./
No dijo otra cosa. Dijo enfermedad. Me preguntó qué hacía./
Me dio pudor decir: escribo. Dije solamente que enseñaba./
Después me dijo mirá. Un perro flaquito jugaba con un camionero/
a la pelota./
donde hay bañados negros, juncos y algunos patos,/
no me molesta que otra vez el transporte que es pésimo,/
me deje en la estación de servicio. Siempre hay gente/
que se sienta a hablarme mientras el chofer espera que bajen/
de la capital con la camioneta del taller. Siempre hay alguien/
que me dice cosas de su vida. Mientras el sol atardece, escucho/
la historia de otros. Amores, deudas, hijos. A veces/
caminamos hasta una canilla para buscar agua, vemos pasar/
los camioneros con sus mujeres, con el alborozo de sus/
putas abrazándolos por la cintura, compartiendo su cena,/
tendiendo sus hamacas, sus mesas de comer que comparten/
con los galgos de ahí./
Detrás del predio hay unos árboles. Ahí fumamos con un hombre/
alto y joven, que parecía triste. Dijo ir a la ciudad por su enfermedad./
No dijo otra cosa. Dijo enfermedad. Me preguntó qué hacía./
Me dio pudor decir: escribo. Dije solamente que enseñaba./
Después me dijo mirá. Un perro flaquito jugaba con un camionero/
a la pelota./
domingo, 18 de octubre de 2009
el regalito para Lilí, mi vieja, en su día
mi madre es
un agua clara que corre por mis pies
viene desde antes de mí, va
hacia el árbol de las oscuras manzanas
que dora el sol
un agua clara que corre por mis pies
viene desde antes de mí, va
hacia el árbol de las oscuras manzanas
que dora el sol
domingo, 11 de octubre de 2009
2 poemas de "El monte de los árboles sogueros", Marcelo Dughetti
en invierno,
plantamos los árboles sogueros.
ahora,
cuando el calor funde la brea y al amor
frutos amargos cosecha nuestro mundo
el
árbol
en su altura,
con todos esos niños
colgados de su belleza.
________________________
los viejos compran la soga que les recomendaste
limpiaron las telarañas de la viga
y en un sueño abierto a los demonios
se colgaron
convencidos de tu palabra.
luego
te sentaste a mirarlos
tomaste el tramontina clavado en la manzana
cortaste
prolijamente
tu
lengua.
Nota: los dos poemas posteados fueron extraídos del libro El monte de los árboles sogueros, y pertenecen al poeta villamariense Marcelo Dughetti. Más información en http://www.edicionesrecovecos.com.ar/marcelodughetti.html
plantamos los árboles sogueros.
ahora,
cuando el calor funde la brea y al amor
frutos amargos cosecha nuestro mundo
el
árbol
en su altura,
con todos esos niños
colgados de su belleza.
________________________
los viejos compran la soga que les recomendaste
limpiaron las telarañas de la viga
y en un sueño abierto a los demonios
se colgaron
convencidos de tu palabra.
luego
te sentaste a mirarlos
tomaste el tramontina clavado en la manzana
cortaste
prolijamente
tu
lengua.
Nota: los dos poemas posteados fueron extraídos del libro El monte de los árboles sogueros, y pertenecen al poeta villamariense Marcelo Dughetti. Más información en http://www.edicionesrecovecos.com.ar/marcelodughetti.html
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