que fue un empujón del diablo
dijeron
que fue la roca
y el mar de un azul abundoso
que una virgen castísima me confió
un secreto y una duda
con una brasa en cada mano
yo caí, fue
por mis razones
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lunes, 8 de marzo de 2010
martes, 23 de febrero de 2010
230210
acá creciste, me dijeron, y pienso
en cómo algo que no fuera solidario con la muerte y su eficacia
pudo crecer aquí
sin embargo, en este centro hubo una mesa
donde derramamos los jugos del hambre
al costado, la pieza de la costura y el juego
al fondo, el baño
con una alberca donde, en invierno,
la piel enrojecía por el frío
hubo, una vez, un gran viento,
me explican
vendrá por mí, también,
vendrá y yo guardaré mi corazón en un puño:
hasta allí llegará su voracidad
y más allá, aún
en cómo algo que no fuera solidario con la muerte y su eficacia
pudo crecer aquí
sin embargo, en este centro hubo una mesa
donde derramamos los jugos del hambre
al costado, la pieza de la costura y el juego
al fondo, el baño
con una alberca donde, en invierno,
la piel enrojecía por el frío
hubo, una vez, un gran viento,
me explican
vendrá por mí, también,
vendrá y yo guardaré mi corazón en un puño:
hasta allí llegará su voracidad
y más allá, aún
domingo, 31 de enero de 2010
310110
bajo el naranjo, la muerte con sus crías
tomó sitio
desde allí, nos ponía sus ojos como púas
miraba nuestros temblores
luego tomaba una fruta, la rajaba
con una uña larga y mugrienta,
se la bebía, daba
como cualquier especie,
de comer a sus pequeños
cuando se fue, en su nido quedaron
las cáscaras
los huesos
y un agua negra que subía
despacito
a nuestro corazón
tomó sitio
desde allí, nos ponía sus ojos como púas
miraba nuestros temblores
luego tomaba una fruta, la rajaba
con una uña larga y mugrienta,
se la bebía, daba
como cualquier especie,
de comer a sus pequeños
cuando se fue, en su nido quedaron
las cáscaras
los huesos
y un agua negra que subía
despacito
a nuestro corazón
jueves, 21 de enero de 2010
210110
la vida me acecha como perra
la muerte me acecha como perra
me tiran del pelo
de las joyas
de la lengua
en la hora del sueño yo visito
las dos jaurías con brillante histeria
la muerte me acecha como perra
me tiran del pelo
de las joyas
de la lengua
en la hora del sueño yo visito
las dos jaurías con brillante histeria
lunes, 11 de enero de 2010
110110
el aire, de noche, es una lástima,
no alcanza para todos
alguien debe postergar su sueño, alguien
debe levantarse y, en el medio de la noche,
tocar la dorada serpiente del corazón
ella va a despertar
entornará los soles de sus ojos
dará su pan, su veneno
la flor del cuerpo abrirá, entonces,
como una mañana
pero no será la mañana:
será su turbia claridad
el simulacro
no alcanza para todos
alguien debe postergar su sueño, alguien
debe levantarse y, en el medio de la noche,
tocar la dorada serpiente del corazón
ella va a despertar
entornará los soles de sus ojos
dará su pan, su veneno
la flor del cuerpo abrirá, entonces,
como una mañana
pero no será la mañana:
será su turbia claridad
el simulacro
lunes, 28 de diciembre de 2009
281209
1-
de noche
la brasa del cigarrillo ilumina
lo poco
a intervalos, está lo que se alumbra
pedazo de lo todo,
lo que no se ve
así de pequeña es la verdad
así de pobrecita
¿qué esperabas?
2-
otra es la belleza
y está en la sombra
en lo que oscurece
en lo que la pulpa
de la intimidad
resguarda
3-
yo no he visto, no,
que la carne de los hombres
retenga la luz
la he visto en el río,
en el vaso de agua,
y aún
en el charquito triste
después del temporal
alguien señala y dice:
mirá, el sol está ahí
y es verdad
de noche
la brasa del cigarrillo ilumina
lo poco
a intervalos, está lo que se alumbra
pedazo de lo todo,
lo que no se ve
así de pequeña es la verdad
así de pobrecita
¿qué esperabas?
2-
otra es la belleza
y está en la sombra
en lo que oscurece
en lo que la pulpa
de la intimidad
resguarda
3-
yo no he visto, no,
que la carne de los hombres
retenga la luz
la he visto en el río,
en el vaso de agua,
y aún
en el charquito triste
después del temporal
alguien señala y dice:
mirá, el sol está ahí
y es verdad
martes, 10 de noviembre de 2009
101109
Es la siesta. Tengo, sobre mi corazón,
el libro de Ishiguro Never let me go.
En la penumbra de la pieza, flota la mariposa gris que de noche
roe la ropa y hace el mismo ruido que los muertos hacen
cuando escarban los muros.
La veo golpearse contra el vidrio; su cuerpo es un solo ojo
hacia donde ella cree está la salvación. Y entonces digo
Señor, no me des la esperanza, la fe.
Señor, no permitas que me queme en la luz aparente
de los faroles a gas. He aprendido a caminar en la sombra,
a encontrar mi ropa, allí, el vaso de agua. He aprendido
a no tropezar con los muebles.
No me hagas pensar ahora, Señor, en el fuego.
el libro de Ishiguro Never let me go.
En la penumbra de la pieza, flota la mariposa gris que de noche
roe la ropa y hace el mismo ruido que los muertos hacen
cuando escarban los muros.
La veo golpearse contra el vidrio; su cuerpo es un solo ojo
hacia donde ella cree está la salvación. Y entonces digo
Señor, no me des la esperanza, la fe.
Señor, no permitas que me queme en la luz aparente
de los faroles a gas. He aprendido a caminar en la sombra,
a encontrar mi ropa, allí, el vaso de agua. He aprendido
a no tropezar con los muebles.
No me hagas pensar ahora, Señor, en el fuego.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
041109
Yendo de Córdoba a Oncativo, por la autopista,/
donde hay bañados negros, juncos y algunos patos,/
no me molesta que otra vez el transporte que es pésimo,/
me deje en la estación de servicio. Siempre hay gente/
que se sienta a hablarme mientras el chofer espera que bajen/
de la capital con la camioneta del taller. Siempre hay alguien/
que me dice cosas de su vida. Mientras el sol atardece, escucho/
la historia de otros. Amores, deudas, hijos. A veces/
caminamos hasta una canilla para buscar agua, vemos pasar/
los camioneros con sus mujeres, con el alborozo de sus/
putas abrazándolos por la cintura, compartiendo su cena,/
tendiendo sus hamacas, sus mesas de comer que comparten/
con los galgos de ahí./
Detrás del predio hay unos árboles. Ahí fumamos con un hombre/
alto y joven, que parecía triste. Dijo ir a la ciudad por su enfermedad./
No dijo otra cosa. Dijo enfermedad. Me preguntó qué hacía./
Me dio pudor decir: escribo. Dije solamente que enseñaba./
Después me dijo mirá. Un perro flaquito jugaba con un camionero/
a la pelota./
donde hay bañados negros, juncos y algunos patos,/
no me molesta que otra vez el transporte que es pésimo,/
me deje en la estación de servicio. Siempre hay gente/
que se sienta a hablarme mientras el chofer espera que bajen/
de la capital con la camioneta del taller. Siempre hay alguien/
que me dice cosas de su vida. Mientras el sol atardece, escucho/
la historia de otros. Amores, deudas, hijos. A veces/
caminamos hasta una canilla para buscar agua, vemos pasar/
los camioneros con sus mujeres, con el alborozo de sus/
putas abrazándolos por la cintura, compartiendo su cena,/
tendiendo sus hamacas, sus mesas de comer que comparten/
con los galgos de ahí./
Detrás del predio hay unos árboles. Ahí fumamos con un hombre/
alto y joven, que parecía triste. Dijo ir a la ciudad por su enfermedad./
No dijo otra cosa. Dijo enfermedad. Me preguntó qué hacía./
Me dio pudor decir: escribo. Dije solamente que enseñaba./
Después me dijo mirá. Un perro flaquito jugaba con un camionero/
a la pelota./
miércoles, 23 de septiembre de 2009
230909
en algún lugar, donde todavía es
el invierno de 1987, se levantan
las fogatas de la noche de san juan, en algún lugar
aún
las mazorcas de maíz
chillan y revientan
contra lo oscuro del mundo
en el rastrojo hay pequeñas víboras
tiernos nidos de ratas, y mi cuerpo
sin pechos, sin ira
sin nada
acostado entre los perros
en algún lugar, todavía
los peones terminan la jornada
asan su carne
y un pájaro rasga el silencio
el invierno de 1987, se levantan
las fogatas de la noche de san juan, en algún lugar
aún
las mazorcas de maíz
chillan y revientan
contra lo oscuro del mundo
en el rastrojo hay pequeñas víboras
tiernos nidos de ratas, y mi cuerpo
sin pechos, sin ira
sin nada
acostado entre los perros
en algún lugar, todavía
los peones terminan la jornada
asan su carne
y un pájaro rasga el silencio
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